lunes, 27 de abril de 2026

Zurdismo berreta

Hace unos días, ya tomando conciencia de que el año próximo tendremos que elegir quién va a ser el próximo presidente de este circo país, volví a mirar las entrevistas de Neura a los diferentes candidatos. Y hubo algo que me llamó mucho la atención cuando llegué a la entrevista con Myriam Bregman, en especial cuando intenta explicar cómo el poder no debería quedar en manos de una sola persona.

Entre el minuto 48:30 al 51:30 trata de explicar (sin éxito en mi opinión) algo que de hecho se intenta en otros países del mundo e incluso YA ESTÁ ESTIPULADO como sistema de gobierno: se trata del parlamentarismo

No voy a perder tiempo explicándoles de qué se trata (para eso les dejé el enlace), pero sí vale la pena explicar su diferencia con lo que es un sistema de gobierno presidencialista: el poder está muy concentrado en quien es presidente y el parlamento queda en una especie de segundo plano, donde tiene la facultad de aprobar proyectos o impulsarlos, pero el presidente tiene la última palabra para ejecutarlas o para rechazarlas. Esto es lo que ocurre en Argentina por ejemplo, con el tema del famoso "veto" que se hizo tan popular en el gobierno de Milei.

Volviendo al tema, lo que deja expuesto Myriam Bregman en esta entrevista es la falta de investigación a nivel mundial y de visión más alla de nuestro país. Se le nota mucho que lo que trata de explicar no lo entiende ni ella y que evidentemente le falta lectura de muchos autores que estudian el área geopolítica de los países del mundo.

De mas está decir que es lo que yo pienso que trata de explicar cuando habló de "repartir el poder entre todos". Alguien debería explicarle a la pobre Bregman que para poder argumentar una idea (de la cual quiero creer que tiene la convicción suficiente para transformarla en algo posible) tiene que CULTIVARSE INTELECTUALEMENTE sobre esas cuestiones más allá de la historia de los soviéticos. El mundo evolucionó y siguió girando después de la Revolución Rusa. Claramente hubo mucha agua abajo del puente en lo que respecta a acciones y proyectos que se acerquen a su ideología.

En los países nórdicos por ejemplo, cualquier país medianamente conservador los calificaría de "país progre" y no es para menos. Ellos tienen una ideología socialdemócrata (básicamente una centro-izquierda con elementos liberales). Esto lo encontré haciendo unas míseras búsquedas rápidas en Google; no soy ni erudito ni intelectual. Si cualquier persona con dos dedos de frente puede enterarse de lo que pasa afuera, seguro que esta señora también.

Argentina tiene un grave problema de deforestación intelectual, como dijo un periodista, y eso se nota también en los políticos. Sobre todo aquellos que no abren la cabeza al mundo.

miércoles, 15 de abril de 2026

Empezar de nuevo

La tormenta pasó. Sorprendentemente hubo una luz al final del túnel. Todo parecía insoportable. Ahora es tan solo una carga liviana.

Lo que antes parecía catastrófico se convirtió en un aliento para seguir adelante. Esta penosa vida se terminó transformando en una aventura que vale la pena ser vivida.

Hay cosas que ni yo mismo entiendo, pero tengo toda una vida por delante para resolverlas. Mientras tanto me aventuro una vez más hacia el horizonte, que siempre fue el mismo. Lo único que fue cambiando durante el camino fui yo y mi actitud para encarar los problemas.

Tratar de que convivan el orden y el caos en una misma cabeza es posiblemente el mayor desafío que pueda tener un ser humano. Normalmente uno cree que hay que rechazar alguno y quedarse con el otro, pero ese es un error que hay que evitar. La convivencia entre ambos extremos es lo más difícil pero también lo más productivo. Nunca hay que dejar de intentarlo, porque ese desafío es lo que a la larga te hace crecer.

Eso fue lo que me di cuenta sin proponermelo directamente. Pero ahora que soy consciente de ello, lo busco activamente y es gracias a eso que me corrí del pozo deprimente en el que me encontraba...

jueves, 4 de septiembre de 2025

No tengo fuerzas

No siento nada. No tengo bienestar. No tengo malestar. Tengo una pelota en el estómago. Me siento depresivo. No me moviliza ni una cosa ni la otra.

Voy pensando en todo tipo de situaciones y no le encuentro sentido a ninguna. ¿Qué me pasa? ¿Qué nos pasó? ¿Qué nos va a pasar...?

Ya no quiero pelear. Ya no quiero discutir. Solo quiero hacer lo que me gusta. Sea con quien sea, pero hacerlo disfrutándolo. Y no padeciéndolo.

Necesito paz...

miércoles, 16 de julio de 2025

El Cerro de la Cruz

(¡Qué mejor manera de renovar el blog después de tanto tiempo que con una anécdota!)

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En el viaje de egresados de Córdoba de 2004 me pasó algo muy bizarro que, hasta la fecha, si alguno de mis compañeros se reencontrara conmigo y surgiera este recuerdo, inevitablemente se burlarían de lo que me pasó allí.

Al segundo día nos tocó ir de excursión a una zona muy conocida en Carlos Paz llamada "Cerro de la Cruz". No tiene mucho misterio. El nombre lo dice todo: un gran cerro con caminos intrincados que llevan directamente hacia una cruz gigantesca. 

Eso era todo. Caminar un par de horas con mis compañeros y los cordinadores hacia la cima, para luego sacarnos una foto grupal sobre nuestra gran hazaña. Y decir que era una hazaña no era un exageración... era verano y hacía un calor infernal. Muchos estabamos con gorras y botellas de agua para amainar lo mas posible la agobiante caminata.

La cosa es que ya nos faltaba muy poco para llegar. Mientras que los coordinadores y la mayoria de mis compañeros estaban un poco mas adelantados, detrás habiamos quedado cuatro (incluído yo): 

Juan Manuel, mi mejor amigo de aquel entonces, aunque ultimamente no nos llevabamos muy bien.

Federico, otro "pseudoamigo" que a veces tenía sus días y era un boludo.

Cristian, un pesado que por algún motivo siempre tenía una excusa para fastidiarme. 

Como todos estábamos en la misma lucha, no había tiempo para tonterías y manteníamos firme nuestra marcha. 

En un determinado momento se me ocurre mirar hacia mi derecha mientras sigo caminando. Un amplio cielo azul donde se podía ver la base del cerro a miles de metros de altura. Nos habían advertido que tuvieramos cuidado con el acantilado porque un paso en falso podía ser mortal. Era una vista extraordinaria y eso le puso un poco mas de onda al asunto entre tanta grava y arena... 

Pero cuando vuelvo a mirar hacia el camino, me doy cuenta que ya no había nadie. Juan Manuel, Federico, Cristian, los chicos de más adelante, los coordinadores... ¡Estaba completamente solo! ¿Qué habia pasado para que no me haya dado cuenta de eso? ¿Tanto tiempo había pasado? Ni idea. Mi distracción me hizo entrar en pánico total y segui avanzando, ya aterrorizado. Entonces lo vi...


¡La cima estaba ahi mismo! Esa foto es un retrato idéntico de cómo vi el lugar con mis propios ojos. Supongo que no había sido tan grave después de todo... seguro que todos estaban allí. Era cuestion de acercarse y preguntar. Es lo que habría hecho cualquier chico normal, ¿no?

Pero había una cuestión: yo no era precisamente normal en aquel entonces. De hecho era bastante huevón, y eso me costó caro. Simplemente pensé que ya no estarian allí y que seguro ya habrían bajado, que estaria perdiendo el tiempo mirando por doquier y no se cuántas estupideces más... Conclusión: terminé bajando haciendo el camino inverso. Primero por mi cuenta, arriesgandome a bajar por los pequeños acantilados (una verdadera locura). Luego, preguntando a la gente (como toda persona normal, para variar) hasta que uno que manejaba otro grupo me pidio que lo siga ya que también iban para abajo. 

Finalmente llegué a la entrada de nuevo. Tierra firme. El micro frente a la vereda esperando que mi grupo baje. Les sorprendió verme bajar a mi solo y les conté lo sucedido. No dijeron nada y esperé en un cantero pacientemente por casi una hora. Por fin alguien de los míos había bajado. Era Federico junto con Luciana, una de las coordinadoras. Algo le habia pasado, porque estaba todo colorado y haciendo arcadas. Quizá no soportó el calor. Ni siquiera se dio cuenta que yo estaba ahi. Sin embargo la coordinadora me vio y, aliviada, me dijo que el resto ya estaba bajando. Y enfilaron directo al interior del micro.

Ahora sí me quedaba claro que ellos seguían arriba... Con mucho desánimo, no podía evitar reprocharme cuánto afectaría todo esto mi relación con mis compañeros. Básicamente por mi culpa, estuvieron un total de tres horas ahí arriba, entre la caminata y la búsqueda desesperada que hicieron por encontrarme. Me enteré luego por otras personas que incluso varios se lastimaron ya que me buscaban entre arbustos y piedras. Incluso alguno que otro se hacía la idea, medio en joda y medio en serio, de que me habrían secuestrado...  

Apenas unos minutitos después de Federico, bajó el resto. Todos me iban viendo con malos ojos a medida que pasaban por mi lado; algunos retándome por haberme escapado, supuestamente a propósito. Otros burlándose porque no podia seguir un simple camino recto. Y Robbie, el otro cordinador, me preguntaba con ironía si a mi me gustaba jugar a las escondidas cuando subía por los cerros.

Imposible. Mi autoestima para ese entonces ya estaba hecha pedazos. Ni hablar cuando subí al micro con mi bolsito. Desfilar hasta el fondo de los asientos con los abucheos y las cargadas por mi "hazaña" es algo que no me voy a olvidar nunca...

En ese punto supe perfectamente lo que había provocado: JAMÁS iba a poder recomponer el compañerismo y los pocos lazos de amistad que habia logrado hasta entonces. Sentí que todos me odiaban. El daño era irreversible. Estaba seguro. Mi vida durante el resto del viaje y, posiblemente, durante todo el secundario estaba condenada al fracaso, al aislamiento. No sería incluido jamás en ninguna juntada, ni invitado a ningún cumpleaños. Ni siquiera a hablar unas simples palabras conmigo en el recreo... Lo supe con total seguridad en cuanto lo vivencié: las cosas se veían muy negras para mí en el futuro...

Cuando volvimos al hotel, el resto de la tarde me propuse seriamente en tener la interacción digna de una planta. En la hora de pileta estaba apartado, haciendo la mia, sin hablarle a nadie. La única que se acercó fue Silvia, la madre de Nahuel. Era una de las madres de nuestro curso que se ofreció a acompañar al grupo. Me preguntó, con el mayor todo de seriedad, si entendía perfectamente que lo que pasó en el cerro no podía volver a ocurrir en futuras excursiones. Como un soldadito, le dije todo que sí.

Esa mujer me ponía incómodo cada vez que se acercaba a comentarme algo. Desde lo que había pasado en el Cerro de la Cruz sentía, literalmente, que me observaba como si yo fuera un pelotudo a cuerda. La tipa no me tenía mucha fe, ¿no?

En fin, entre una cosa y otra se hizo la noche. Y tocaba nuestra primera salida bolichera: Molino Rojo, el clásico de Carlos Paz, la cita obligada. Ningun grupo de egresados que se precie de tal podia saltearse semejante experiencia: baile en conjunto, luces, humo, barra con gaseosas, música pegadiza... Todo se prestaba para una gran noche. Eso me devolvió un poco el ánimo: participaba aunque un poco apartado del resto.

Llegando al final de la matiné, suena un tema que reconozco al instante: "Un amigo es una luz", de Martín Galaz (el cantante de Los Enanitos Verdes). Y de repente se escucha una voz en off. Era la voz del boliche que comenzó a decir:

"Y ahora les pedimos que se abracen junto a sus amigos, que se acerquen todos y ¿por qué no? formar una gran ronda entre todos para recordar por siempre esta noche..."

Lo único que me faltaba... ¡Parecía una cargada! Pedirme justo en estos momentos algo así. Una mezcla de enojo y tristeza me invadió de repente. Mientras todos iban poco a poco abrazándose formando una ronda, Juan Manuel y Federico (que eran unos amargos para este tipo de cosas) se fueron inmediatamente a los sillones para regodearse de lo distintos que eran por no hacer lo mismo que los demás.

Ya indignado y sin motivo para seguir con mis compañeros, concluyo que lo mejor que podría hacer era unirme a los amargos en el sillón y así al menos sentirme menos solo... ¿Qué opciones tenia? ¿Soportar el rechazo? ¿Hacerme el amigo de todos cuando claramente no lo merecía?

Me di la vuelta para encarar hacia los sillones, cuando siento que alguien me toca el hombro y me dirige de vuelta hacia la ronda. Era Nicolás, uno de mis compañeros que se destacaba siempre por tener una simpatía con todo el curso por igual. Como un héroe sin capa, me sonrió y me dijo: 

"Ya está Dami, no importa que hoy te perdiste, nosotros somos tus amigos y te queremos igual".

La cara se me llenó de lágrimas instantáneamente. Como un reflejo, agaché la cabeza ocultando mi repentino llanto al mismo tiempo que me refregaba la mano por los ojos. No sé si habrá visto mi reacción entre toda la penumbra, pero me sentí tan aliviado y con tantas emociones fuertes que apenas atiné a decirle un simple "gracias", sonriéndole. Y me sumé con él y todos los demas en la gran ronda que habían armado, abrazados los unos a los otros.

Toda la bruma, toda la desesperanza, el desánimo, los autoreproches, la desesperación por no poder revertir las cosas... Todo eso desapareció en un instante, con esa respuesta. Es increíble cómo a veces basta una simple palabra, una simple frase, para cambiar el destino de una persona...

Así que ya lo sabes, Nicolás: si en algún momento, en alguna parte, llegás a leer esto, creeme que tus palabras aquella noche no sólo fueron sanadoras. También fueron salvadoras. 

Te lo agradezco de por vida.

viernes, 8 de septiembre de 2023

El voto bronca no es de ahora

Es un término que empezó a ponerse de moda con la abrupta llegada de Javier Milei, quien es el actual representante del voto bronca. Y digo actual porque esto no es cosa de ahora. La bronca, pienso yo, viene desde el primer momento que se volvió a la democracia y no paró desde entonces, extendiendose como un cáncer a practicamente todos los mandatos presidenciales hasta el día de hoy. 

Como habitante de este país y todo lo que he visto en relacion a la política argentina en mis cortos años de experiencia, creo sentirme en condiciones de explicar que es exactamente el voto bronca: es una expresión de odio, de venganza y de destrucción. Es borrar de la faz de la tierra algo sin importar qué fue bueno y qué fue malo: sólo importa que es de otra ideología y ahora debe imperar otra, nuevamente sin importar qué tenga de bueno y de malo. 

El voto bronca no busca consevar aspectos positivos que haya habido de un mandato anterior y corregir los aspectos negativos. Busca lo contrario: sin importar que haya aspectos positivos o negativos, se pretende una suerte de exilio a aquel "nefasto gobierno" que atentó contra todo el país, dando paso a un siguiente mandatario (una suerte de "salvador mesiánico") que pondrá orden a todo el país.

Esto que acabo de describir, ¿les suena solamente de un único gobieno o de VARIOS? ¿Cuantos otros por detrás de Milei se proclamaron en similares condiciones y luego terminamos como terminamos? ¿Cuántas veces escucharon decir a algun dirigente político, de cualquier partido, qué cosas buenas y malas cuando fue presidente? ¿Cuántos partidos politicos hicieron alguna autocrítica sobre ciertas decisiones o problemáticas que reultaron equivocadas? 

Todos los partidos políticos de este país son estupendos criticando a otros que sean contrarios a su ideología. Pero dejan mucho que desear en criticar sus propias falencias. E insisto, jamás en la vida vi que ninguno de ellos comenzara a hacerlo. La ecuación para ellos es muy simple: nosotros hacemos todo bien y ellos hacen todo mal. Si estás con nosotros está todo bien y si estás con ellos está todo mal.

Les escribo algunas situaciones (sin entrar mucho en los detalles) ya que mi punto es otro:
  • Cuando Alfonsín provocó la hiperinflación en los años '80 y tras el fracaso de Plan Austral, la bronca hizo que Menem logre llegar al poder proponiendo el plan de convertibilidad. 
  • Cuando llegamos al '99, tras dos mandatos consecutivos, la bronca hizo que le bajaran el pulgar a Menem y se lo levantaran a De La Rúa. Éste a su vez continuó sin hacer nada para revertir la situación y todo terminó con la crisis del 2001.
  • Tras el fin de la convertibilidad, Duhalde terminó los años restantes de gobierno hasta que ganó Nestor Kirchner. Luego de que le pasara el poder a Cristina Kirchner en 2007, la pelea por las retenciones del campo, su reelección en 2011, la famosa "grieta" entre anti-K y ultra-K totalmente definida y cada vez más grande, las interminables cadenas nacionales y (la frutillita del postre) la muerte de Nisman, terminaron de sentenciar una bronca renovada. Esta vez al mando de Mauricio Macri, que prometía un montón de cosas...
  • Año 2015: durante el gobierno de Macri, el primer mes se disparan las boletas de luz y gas. Llega el 2018: se dispara el dolar en mayo a $20 y en septiembre a $40. Todo está igual pero con más inflación. A Macri le bajan el pulgar y lo arrojan a los leones. Esta vez el salvador de turno es Alberto Fernandez.
  • En 2019 Alberto empieza con nada menos que el dolar disparado a $60. La pandemia en 2020 y 2021 con todo lo que eso conllevó. Durante este lapso comienza a llegar un nuevo salvador de turno, primero criticando a la "casta política", luego involucrándose en ella entrando al congreso y para terminar forma un equipo para candidatearse a presidente, proponiendo entre otras cosas la dolarización...
  • Finalmente llegamos al año que nos compete: 2023 y con un dólar paralelo a $750 (si es que no volvió a cambiar), millones de pobres y quien sabe cuántos más en situacion de desempleo o trabajo hiperprecario.
Ahora piensen en esto: ¿Hay algo que hayan visto en comun en todos los puntos que les acabo de mencionar? Simple: hay un circulo vicioso entre "villanos y salvadores". Los que hacen "todo mal" contra los que hacen "todo bien". Y en esto somos todos responsables: tanto los politicos que se aprovechan de esta dicotomía, como el resto del pueblo argentino (que por desgracia son mayorías) y se dejan influenciar por este tipo de discursos, llegando incluso a infectarse con esta díada tan perversa de que cuando nos conviene hicimos todo bien y cuando no nos conviene los malos son ellos.

Todo esto es lo que gira alrededor del famoso voto bronca. El 22 de octubre serán las votaciones definitvas (en caso de que no hubiera segunda vuelta, cuya fecha sería el 19 de noviembre). Hay un 30% de la población argentina que decidió no votar, y sólo importan tres fuerzas que quedaron prácticamente empatadas: Milei con 30%, Bullrich con 29% y Massa con 28%. La verdadera solución existe, pero no la tiene ninguno de estos tres ni ningun otro partido político. El problema es que ninguno quiere reconocerla: aceptar al otro en sus diferencias y acordar lo que sirve o no sirve en cada uno es la única manera de que en cada mandato se continúe lo que otro haya dejado. Hasta entonces, estamos condenados. 

En estas próximas elecciones puede suceder cualquier cosa, pero quien les escribe se hace una idea de lo que sucederá: seguiremos en la misma pobreza y en la misma bronca. La única diferencia será si eso lo queremos aderezado o con dólares, o con represión, o con planes sociales.

viernes, 21 de abril de 2023

Lola, Ámbar y Ludmila

Durante mi paso por los acompañamientos escolares, me tocó estar unos pocos meses en un preescolar del estado en capital. Allí conocí un curso muy pequeño, de no más de 12 o 13 chicos, donde la mayoría de ellos se ganaron mi afecto.

En uno de esos tantos días, el muchacho que acompañaba (un chico muy complicado, con pocas esperanzas para el futuro) estaba sumamente entretenido jugando solo con los bloques, armando camiones sin la necesidad de que yo intervenga. Estaba en su mundo. Era mi oportunidad de observar al resto.

Cada vez que me tocó acompañar algún niño que estaba entretenido y concentrado en lo que había que hacer, me daba el lujo de ir husmeando a los demás integrantes del curso. Y si podía aportarles algo que fuera útil, mejor.

Como en esta ocasión sólo había que pasar el tiempo jugando, llego a la mesa de estas tres mujercitas. Estaban con pocas ganas de jugar, así que se dedicaban a dibujar y hablar entre ellas. Como ya se había generado un vínculo con ellas, naturalmente no paraban de bombardearme contándome cosas que hicieron durante el fin de semana o lo que hicieron con sus familias ni bien me acerqué.

Es entonces cuando se me ocurre plantearles lo que yo considero (y me hago cargo de que es una actitud vanidosa) un as en la manga. Romper el hielo con una adivinanza ultra difícil que alguna vez leí cuando tenía unos 10 años y que hasta el día de hoy, incluso para un adulto, resultaría difícil de deducir.

Es entonces cuando les planteo la siguiente pregunta: «Si lo nombro, lo rompo. ¿Qué es?»

Las chicas se quedaron pensando unos segundos… se miraban entre ellas y luego miraban a su alrededor, tal vez suponiendo que la solución estaría en algún objeto que estuviera en la sala.

¡Una silla! -dijo Ludmila

¡Un vaso! -dijo Lola

¡Un lápiz! -dijo Ambar

¿Un plato? -dijo Lola de nuevo

Y así varias respuestas más, que de alguna forma tenían que ver con objetos delicados… pero no era esa la respuesta. Así que decidí darles una ayudita:

No, esperen… escuchen bien… si lo nombro, o sea, si vos lo nombras (la señalo a Lola)… se rompe. No se trata de algo que se toca… con solo nombrarlo… ya lo rompés.

Silencio de misa. Las tres quedaron muy pensativas, durante largos segundos… 

Lola atinó a decir dos objetos más de los cuales se arrepintió inmediatamente al figurarse de que se podían tocar. 

Ludmila se reía y simplemente dijo: "No sé".

Hasta que Ámbar súbitamente concluyó: ¿Un secreto…?

Si soy estricto, no era exactamente la respuesta. Pero no dejó de sorprenderme el nivel de abstracción que logró esta chica de nada menos que 5 años de edad. En efecto, la respuesta era “el silencio”… solo que lo dijo con otra palabra que podría considerarse un sinónimo: si uno tiene un secreto, la mejor forma de guardarlo es permaneciendo en silencio.

Asi que le expliqué eso a Ambar y que su respuesta me gustó mucho. Jamás me deja de sorprender el potencial que puede tener un niño, y más cuando uno pone a prueba su inteligencia.

domingo, 16 de abril de 2023

Un techo

Anoche vivencié algo revelador. No solo me sacaron literalmente de un pozo en el que me encontraba y que no encontraba manera de salir… sino que además me dieron un motivo por el cual no ponerme un techo imaginario que me limite a seguir “expandiéndome” como persona.

Siempre me agarra esta particular sensación, de caer en la tentación de no dar un paso más. De plantar bandera hasta un determinado punto, con la idea de que mi humanidad tiene un límite. Ya me pasó una vez (la primera vez) en la adolescencia, y ahora aparece de nuevo… ¿tiene que ver con etapas? ¿o es simplemente “buscar una oportunidad” de no seguir creciendo?

Si vamos bien a lo psicoanalítico, tiene que ver con el goce, esa cosa de llegar a un punto en decir “basta”, pero ese es precisamente el error… ser alguien completamente distinto a lo que no comparto es mucho más complicado de lo que uno imagina. Ahora entiendo que no importa todo lo que uno no lo identifica o toda la rabia que se pueda tener contra lo que no se puede…

Lo importante es que a partir de este año las cosas a trabajar están bien focalizadas… y tengo gente a mi alrededor que me valora mis esfuerzos. Yo también tengo que valorarme más a veces…

domingo, 15 de mayo de 2022

¿El odio vuelve?

Podría decir un montón de cosas en plan de “pasar factura”, de reproches pasados, de lo que “debió haber pasado”, de lo que “debiste haber hecho”, así hasta la eternidad… Pero es un gasto de energía innecesario… un derroche de acciones. ¿Tiene sentido ahora? La verdad que no… el odio vuelve… pero no quiero que sea de esa forma… el odio parece estar moldeándose, como una arcilla, en no se qué otra cosa… indefinida… indivisible. Se siente raro… no lo puedo describir en palabras. Ni siquiera se si es un sentimiento… O una emoción… simplemente da vueltas.

Vuelve el odio en la forma de escenarios imaginarios, golpeando a alguien, gritándole a alguien, insultándolo… haciendo una batalla campal rompiendo cosas… y luego, se desvanece tan rápido como apareció… es un ida y vuelta… como un péndulo. No se entiende nada.

¿Cuál es la diferencia entre actuar con odio y actuar por venganza? Todo eso parece escurrírseme de las manos como algo inútil de construir… si es que fuera posible llamarlo una construcción… básicamente porque la intención era destruir a quienes considero que me hicieron daño…

En cuanto a mí... por lo que veo estoy haciendo daño… y de la manera mas inteligente: distancia. Sí. Y es un daño muy necesario. Uno se aleja cuando las cosas llegaron demasiado lejos y no sólo no es escuchado, sino despreciado y basureado… sí… a mi me trataron como una basura… y eso no lo voy a perdonar nunca… son ellos quienes tienen que reparar lo que hicieron.

Así que mi postura es y sigue siendo muy clara.

“A little advice” … en vez de usar a otra persona como rehén… sería buena idea que, en vez de llorar por los rincones, o plantearse qué hacer para no cagarla más, dejarse de joder con la cobardía y dar la cara con quienes corresponden… hacerse responsables (para variar, ¿no?) de los errores que cometieron y poner los huevos como yo los puse, haciendo lo que sea necesario para resolver un problema. Jugársela por ese familiar que supuestamente se quiere.

El problema no pasa porque yo no los quiera… a mi me gustaría quererlos… pero ustedes no se dejan querer… no permiten que haya amor… ni tienen capacidad de amar… asi que primero tienen que aprender a amar, y luego a dejarse querer por su hijo… por su hermano…


jueves, 24 de febrero de 2022

¿Comienza a amainar?

Hoy tuve un sueño revelador. Algo que en mi puta vida esperaba soñar, o al menos no en tan poco tiempo. En vez de soñar la misma embarazosa situación de ridiculez y desvalorización, fue lo contrario: venían a mi, mientras dormía, arrepentidos y compungidos. Cosa rara. Normalmente cuando me ocurre algún acontecimiento trágico, las imágenes me dan vueltas en los sueños durante meses hasta que en algún momento cesan.

Hoy fue ese día.

No solo cesaron, sino que se volvieron contrarias. ¿Seguirán así, o son solo un descanso para continuar con el circo onírico de siempre?

Cuanto más metido estoy en mi propia vida y en mis propios proyectos, menos me cuesta soltar las cuestiones familiares que tanto rencor me generan. Ahí está la clave. Ahí está la diferencia.

Enfocarse en crecer uno mismo es convertirse en adulto. Enfocarse en lo que uno odia de su propia historia es perpetuarse en un infante.

Como venía pensándolo… no se trata de eliminar odios, sino de transformarlos. Es “energía” si queremos ponerle algún nombre… digo, lo emocional parece generar esa imagen en uno. Las emociones son emociones y están ahí. Lo que hacemos con ellas es lo que nos permite avanzar o retroceder.

Hoy, al parecer, elegí avanzar. 

jueves, 17 de febrero de 2022

Un salto de fe

La primera vez que escuche esa frase, fue para referirse a una persona que salta hacia el agua desde una altura muy alta, sin saber como va a resultar tras la caída. No importa que sea agua. Si uno no consigue estar en la posición adecuada mientras está en el aire, la misma fuerza del agua ante el impacto puede matarte.

Pero en un sentido más simbólico, un salto de fe puede interpretarse como “arrojarse” ante lo que hay delante sin saber con exactitud lo que se pueda llegar a encontrar al final. Lo cual nos hace suponer, que hay más de un tipo de saltos de fe. Evidentemente, cuanto más alto, más arriesgado será el salto. Pero no vayamos a los extremos, sino a los típicos saltos de fe que podemos encontrarnos la mayoría de nosotros en la vida…

¿Cómo reconocer un salto de fe cuando se nos aparece? Simple:

Cuando por fin encontrás un nuevo trabajo porque tu trabajo actual es muy tóxico y no sabés como te va a ir en el nuevo (mejor, igual o peor), eso es un salto de fe.

Cuando dejás a tus “amigos de siempre” porque te diste cuenta que son de todo menos amigos y tomás el valor de estar en soledad para aventurarte a ver qué nuevas personas surgen, eso es un salto de fe.

Cuando más bajo no podés caer con respecto a tus propios problemas y decidís buscar ayuda profesional sin saber cómo será tu futuro, si van a volver a confiar en vos o si vas a estar a la altura de las circunstancias para salir del pozo, eso es un salto de fe.

Cuando te arriesgas a estar en pareja con alguien sabiendo que uno nunca llega a conocer del todo a la otra persona e intentar formar proyectos con ella, eso es un salto de fe.

Parece ser que mucha gente toma el asunto de los saltos de fe como una decisión arriesgada, casi suicida, en la cual la derrota está asegurada… y en los casos donde NADA garantiza que uno pueda recuperarse de ello, tal vez tengan razón. Pero yo creo que, en realidad, hacer un salto de fe en momentos clave de la vida, es incluso necesario y no precisamente un callejón sin salida. De hecho, un salto de fe no tiene por qué ser a 100 metros de altura… pueden ser de 30 metros, o de 10, o incluso parecer que son peligrosamente altos y ser tan solo un salto de 2 metros.

Como buen aristotélico, siempre sostengo que la armonía está en la mitad de ambos extremos. Puede haber matices mas claros o mas oscuros, pero estar haciendo saltos de fe todo el tiempo es tan dañino como no hacerlos, aunque sea una o dos veces. O en su defecto, aunque suene pretencioso, hacer un salto de fe calculado.

¿Es posible hacer semejante acto de manera calculada? Yo creo que sí. Tal vez “calculado” no sea la palabra adecuada, sino tener la capacidad de analizar e hipotetizar cuánto puede uno ganar o perder… y si está el riesgo de perder, corroborar que se pierda lo menos posible como para seguir adelante.

Si yo estoy frente a un acantilado y al fondo solo hay rocas, seguramente no saltaría (aunque otras personas elegirían saltar igual y estrellarse contra el vacío). Ahora bien, si en lugar de eso observo que no hay más que agua, ahí toma otro color: seguramente podría analizar a ojo cómo tirarme desde allí sin matarme (por ejemplo, rodear un poco el acantilado a ver si hay una altura más baja, observar el agua para ver si no hay rocas cerca, tirarme sin extender los brazos para no fracturármelos ante el impacto del agua, etc.).

Hay maneras y maneras de hacer un salto de fe, y no solo importa dónde hacerlo sino CÓMO hacerlo. Un salto de fe, por como yo lo veo, es aventurarse a la incertidumbre. Atreverse a caminar por un terreno que no se sabe lo que pasará. Que en semanas, días o incluso horas, todo puede suceder, y que todo puede cambiar en cualquier momento. Un día estas lo más bien en tu trabajo, al otro día te pueden quitar horarios porque no hay presupuesto para pagar más. Un día podés estar celebrando en familia, al otro día fallece uno de ellos y toda reunión futura se desmorona.

Todo es incierto. Lo único cierto es poder atreverse. Y mejor todavía SABER cómo atreverse.

miércoles, 16 de febrero de 2022

Desde la bronca

Hace ya varios meses que no dejo de tener pensamientos que invaden mi día a día. Situaciones imaginarias, o de cosas que quisieran que pase, todas vivenciadas con mucho odio respecto a personas que, se supone, son las que deberían apoyarme y valorarme. No pasa en lo absoluto, y probablemente no pase nunca.

Hasta sueño en situaciones donde, o soy dejado en ridículo, o descargo un montón de groserías hacia esas personas. Como dije, pensamientos que no me dejan tranquilo… Y no estoy seguro de que decírselas a quien corresponde sirva de algo, porque ya lo he intentado por las buenas… no escuchan, no registran lo que yo soy. Tampoco me apetece hacerlo por las malas; por algo tengo estas fantasías, porque es algo que no me atrevería a hacer en la vida real, y eso genera en un todo la bronca.

Dicen que la ansiedad se siente en el estómago, pero que la angustia se siente en el pecho. Y hace varios días que siento algo incontrolable en el pecho. Esto afecta mi labor, por si fuera poco. Porque en alguna parte tengo la ilusión de que todo se podría arreglar mágicamente. Y eso no va a suceder. ¿Me encontraré en condiciones de ayudar a la gente, dadas las circunstancias? ¿Es algo transitorio?

Cada día que pasa, siento que mi cabeza se pierde otra vez en esas fantasías de violencia y odio escupido hacia otros. No parecen aumentar, pero tampoco parecen irse… ¿es una cuestión de tiempo esto? ¿Es duelo acaso?

A veces tengo la sensación de que toda mi vida va a estar dominada por estas ideas… Que solo tenga odio acumulado y que no se vaya nunca… Tal vez no se trata de extirparlo como un cáncer… Sino de transformarlo, como la energía. ¿Pero cómo se hace? ¿Cómo puede uno transformar tanto odio, tanta impotencia juntada durante años, en algo más sano y agradable? ¿Será tan fuerte en algún momento como para caer en la desesperación?

Tengo mucho odio en mi corazón, y hasta la fecha no sé cómo sacarlo.

jueves, 14 de octubre de 2021

Cuando la falta de visión es lo más visionario del mundo

Ken Olsen fue un ingeniero estadounidense, cofundador de la extinta Digital Equipment Corporation, quien en 1977 dijo una frase que pasaría a la posteridad como la mayor falta de visión jamás tenida, la cual dice así:

“No hay ninguna razón por la que una persona

quisiera tener una computadora en su casa”

Me impacta esta frase de Ken. Tanto fue así, que decidí investigar un poco sobre el asunto y descubrí esto en la Wikipedia inglesa:

“En 1977, refiriéndose a los prototipos de computadoras que se empezaron a utilizar para la automatización del hogar (como el ECHO-IV), Olsen declaró: ‘No hay ninguna razón por la que una persona quiera tener una computadora en su casa’. Si bien Olsen admitió haber hecho ese comentario, aclaró que sus palabras fueron sacadas de contexto ya que se refería a aquellas computadoras programadas para controlar aspectos del hogar y no a las PC.”

Esta cita parafraseada revela dos cosas: la primera es que, como ya está aclarado, la frase estaba fuera de contexto. Y la segunda, y más paradójica, es que incluso si Ken hubiera dicho la frase refiriéndose a las PC tal como las conocemos ahora, lejos de catalogarlo como un tipo con falta de visión, sería al revés: lo consideraría de hecho un gran visionario. ¿Por qué? Considerá lo siguiente:

Las computadoras, es cierto, nos facilitaron la tarea en un montón de cosas, tanto para actividades laborales como para actividades académicas, desde el uso de internet, la gran información bibliotecaria mundial que se puede encontrar allí y la posibilidad de comunicación instantánea, hasta algo tan cotidiano como pagar facturas, hacer compras, realizar trámites y una cantidad de quehaceres que ahorran mucho tiempo. Todo esto que acabo de mencionar lo celebro y admiro que hoy día tengamos estos beneficios con las PC’s.

Hasta ahí lo bueno, pero ahora pasemos a lo lamentable. Y lo digo de esta manera porque noto con desgracia que actualmente pesan más este tipo de cosas que las beneficiosas; y me refiero nada menos que a las redes sociales cuando se usan como un mero instrumento hedonista y frívolo, donde solo importa la acumulación de datos sin ninguna profundidad aparente, sin ningún tratamiento para reflexionar de forma crítica quien lo sube, para qué lo sube y por qué determinada gente lo acepta. El marketing absurdo que constantemente nos azota tanto en internet como en los canales por suscripción paga, el consumismo salvaje que se fomenta en todas las nuevas tecnologías, el uso superficial e inútil de mostrarse ante el otro en fotos provocadoras, apelando al cuerpo, a la imagen, pero sin contenido, donde se busca que otro lo reconozca pero que al mismo tiempo solo importe lo que uno mismo muestra. El hiper-individualismo que se ve dentro de las redes, para las cuales se necesita un PC (y me atrevo a decir que los smartphones también entran en esa, porque a esta altura del partido ya se los puede considerar como mini PC’s). La tendencia actual para con las computadoras en general, están encaminadas a eso. Y las consecuencias son devastadoras… merman la intelectualidad y el pensamiento crítico.

Viendo que nuestro amigo Ken pudo vivir hasta el 2011, y que seguramente fue testigo de todo este descenso a la locura con las nuevas tecnologías, resulta curioso que lo que dijo hace varios años atrás, tan solo necesitaba germinar hasta nuestra época actual para que su frase cobrara un sentido más profundo. Considero que su “desafortunada” frase en la actualidad tiene gran parte de razón, y el motivo es obvio: si bien las computadoras nos han traído muchos beneficios, también nos ha quitado muchos. Este señor, estoy seguro, no solo no habrá cambiado de opinión con lo que dijo, sino que incluso habrá reafirmado y reformulado con toda seguridad que “no hay ninguna razón por la cual una persona quisiera tener una computadora en su casa”… para este tipo de usos.

Ken Olsen 
(1926 - 2011)
 

lunes, 11 de octubre de 2021

¿En qué se basan nuestras relaciones amorosas?

Hace poco me encontré con la publicación de una chica con la siguiente frase: “Si una mujer te ama, se va a enojar por cualquier tontería. Si no puedes con eso, búscate a otra que no le intereses para nada.”

En un principio uno se puede quedar atónito ante semejantes palabras… Pero luego de eso, cabe preguntarse:

¿¿¿Qué clase de provocación absurda y nefasta es ésta???

Tratá de ponerte a pensar UN MINUTO lo que te puede costar emocionalmente estar con una persona así:

  • En toda situación, por más inocua o inofensiva que sea (un retraso por tráfico, un cambio de planes forzoso, un asunto excepcional) y que no tenga que ver con ella, va a ser una excusa para pelear porque hay “falta de interés”.
  • Todos esos líos son porque “te ama” … Ese es el argumento. Generar un caos innecesario y constante con quien uno eligió para compartir cosas en común y tener proyectos juntos.

Y mis preguntas surgen… ¿no es un poco infantil azotar al otro con ese tipo de sufrimiento? Esta chica… ¿cuándo disfruta entonces el estar con su pareja? ¿POR QUÉ es el otro quien debe cargar con inseguridades que no le corresponde…? Por otro lado, la persona que recibe esto… ¿en qué lugar de la relación queda? ¿en un mero depositario de falencias ajenas?

Es entonces cuando llegamos a una pregunta fundamental: ¿en que termina basándose una relación así? ¿en descargar toxicidades a una persona que nada tiene de responsabilidad en eso? ¿no es una actitud narcisista ante la vida, donde uno hace alarde de supuestas virtudes cuando en realidad son DEFECTOS?

Una cosa es que todos podemos tener un mal día, o venir enojados de otro lado. Eso es cierto. Pero pretender que los demás deben hacerse cargo de frustraciones ajenas es evidencia de algo mucho peor: desligarse de la responsabilidad de sus emociones. La chica remata con un “si no puedes con eso búscate a otra que no le intereses para nada”. Siguiendo esa lógica, para esta chica, “amar” significa pelear con alguien todo el tiempo incluso si no hay motivo aparente para hacerlo, como los nenes… y si el otro se enoja y plantea incluso romper la relación ante otro que no lo registra, no se está haciendo valer, sino que es un “débil”, un “incapaz” de valorar a la otra persona.

Y las contradicciones siguen hasta el infinito: ¿por qué no enojarse implica necesariamente que no le interesa la otra persona? ¿por qué una cosa invalida la otra, como si fuera blanco o negro, simplificando abruptamente la dinámica de una relación?

¿En qué momento de la vida se llegó a esto? ¿Desde cuándo el dialogar, aceptar y resolver situaciones para que una relación crezca quedó dejada de lado? Evidentemente hay una tendencia actual a la actitud irresponsable, donde nadie se hacer cargo de sí mismo y se pretende que un otro sea depositario de las miserias ajenas. Es contra eso con lo que hay que luchar, y en especial en nuestra profesión: de que cada persona se haga cargo de que sus acciones en la vida, ya que para bien o para mal, tienen consecuencias.

sábado, 21 de agosto de 2021

Los acuerdos... esa palabra peligrosa...

Si recurrimos al diccionario, vamos a encontrarnos con la siguiente definición:

  1. Decisión sobre algo tomada en común por varias personas.
    "después de varias horas de negociación, llegaron a un acuerdo"
  2. Conformidad o armonía entre personas o aceptación de una situación, una opinión, etc.
    "viven en perfecto acuerdo"

Y en Wikipedia, para variar, nos encontramos con una definición aún más interesante:

Acuerdo es, en Derecho, la decisión tomada en común por dos o más personas, o por una junta, asamblea o tribunal. También se denomina así a un pacto, tratado, convenio, convención o resolución tomada en el seno de una institución.

Creo que, tras lo leído, queda muy claro la importancia que tiene esta palabra en nuestras vidas, ¿no? Hagan memoria… ¿cuántas veces acordaron con amigos encontrarse en determinado momento y en determinado lugar? ¿cuántas veces acordaron con familiares no hablar de política o de religión cuando se reúnen determinadas personas? ¿cuántas veces acordaron en sus trabajos un determinado horario por cuestiones de estudio? Ejemplos hay miles, y ustedes mismos estarán recordando los suyos. Lo cual quiere decir que es una palabra que atraviesa al ser humano en todo sentido, que es un ordenador de su existencia y que de alguna manera garantiza un accionar civilizado y armónico.

Ahora bien, ¿qué pasa con aquellas personas que no registran esta palabra y su gran significado? ¿qué pasa con la gente que incluso hace falsos acuerdos?

“Ay esa palabra ‘acuerdo’ es muy de fulanito”, dice mientras hace un gesto de desagrado…

Como dije en el título, algunos parecen encontrarla peligrosa esta palabra. Y hay una buena razón para ello: imagínense una persona que para su vida, la palabra “acuerdo” es simplemente algo que lo toma como un defecto de alguien y no como un valor fundamental en su vida… ¡es monstruoso! ¡La humanidad se hubiera extinto hace muchísimo tiempo! Una persona que no tiene el registro simbólico de lo que implica “hacer un acuerdo”, está condenada a la perversión.

¿Saben lo que eso significa? Que reconoce que hay normas, que SABE que están ahí, pero que va a hacer lo imposible por transgredirla y burlarse de ellas. Pero esto no es responsabilidad absoluta del transgresor, sino también responsabilidad compartida por normas DÉBILES, poco consistentes e incluso imaginarias, que te hacen creer que están ahí pero que en realidad no hay consecuencias cuando sí debería haberlas.

Dicho en otras palabras, la persona que niega el valor de un acuerdo trata de corromper el transcurso o la armonía de las relaciones humanas mediante todo tipo de artimañas como: 

  • Generar confusión entre los interlocutores. 
  • Provocar discordias donde anteriormente no las había.
  • Destruir la moral e integridad de las personas que sean “peligrosas” a sus intenciones.
  • Intentar a cualquier precio y de manera sistemática quedar como la victima de la situación, y no conforme con eso, culpar a las verdaderas víctimas de sus fechorías.

Como pueden ver, la connotación de alguien que RECHAZA los acuerdos humanos como un valor indispensable en la vida, es realmente siniestra. Y para que ese tipo de personas, que no tienen una mínima capacidad para amar o sentir algo hacia el otro, no dañen a quienes tienen alrededor, la única solución posible es tomar distancia, independientemente del tipo de vínculo que uno haya tenido.

¿Forma extrema de pensar? No. De ninguna manera. Es de hecho la opción sensata, la correcta. Porque si hubiera otra solución, precisamente se hubieran elaborado y cumplido esos acuerdos, cosa inviable para este tipo de personas. Tomar distancia es lo único que permite dar cuenta de que en la vida hay personas que no cambian nunca, que no ceden en lo absoluto. Y que en algún momento, hay que darles la espalda.

Un signo de madurez importante, antes que valorar a otros, es primero aprender a valorarte.