La tormenta pasó. Sorprendentemente hubo una luz al final del túnel. Todo parecía insoportable. Ahora es tan solo una carga liviana.
Lo que antes parecía catastrófico se convirtió en un aliento para seguir adelante. Esta penosa vida se terminó transformando en una aventura que vale la pena ser vivida.
Hay cosas que ni yo mismo entiendo, pero tengo toda una vida por delante para resolverlas. Mientras tanto me aventuro una vez más hacia el horizonte, que siempre fue el mismo. Lo único que fue cambiando durante el camino fui yo y mi actitud para encarar los problemas.
Tratar de que convivan el orden y el caos en una misma cabeza es posiblemente el mayor desafío que pueda tener un ser humano. Normalmente uno cree que hay que rechazar alguno y quedarse con el otro, pero ese es un error que hay que evitar. La convivencia entre ambos extremos es lo más difícil pero también lo más productivo. Nunca hay que dejar de intentarlo, porque ese desafío es lo que a la larga te hace crecer.
Eso fue lo que me di cuenta sin proponermelo directamente. Pero ahora que soy consciente de ello, lo busco activamente y es gracias a eso que me corrí del pozo deprimente en el que me encontraba...